En la carta de un café francés el mismo café aparece a veces tres veces, con tres precios: en la barra, en la sala, en la terraza. Nada lo obliga, simplemente está permitido, y quien lo hace tiene que exponer los precios antes de que un cliente pida. Un decreto de 1987 llega hasta el tamaño de la letra: centímetro y medio como mínimo, fuera del local la lista de las bebidas más corrientes con cantidad y precio, dentro la carta completa.
En la barra el espresso suele ser el más barato. Las cifras del sector para este año dan de 1,40 a 1,80 euros en ciudades medianas y de 1,70 a 2,20 en las grandes, frente a 1,80 a 3 euros en la sala o en la terraza en provincias y de 2,50 a 4 en París.
Se paga el sitio.
Para la terraza la cuenta sale: poner mesas en la acera es ocupar suelo público, algo que en muchas ciudades francesas exige un permiso y le cuesta al local una tasa anual al ayuntamiento. Para la sala el recargo se explica peor. En la carta está igual.
En el zinc
La barra se llama zinc, aunque según el diccionario rara vez era de zinc y casi siempre de cobre. La palabra se quedó. Una noisette es un espresso con una nube de leche, un crème es café con un poco de leche o de nata, y petit noir significa coloquialmente nada más que una taza de café.
Fuera del local, junto al café noir, cuelga lo que el decreto considera las bebidas más corrientes: la cerveza de barril y de botella, un zumo de fruta, una limonada, un agua mineral, el aperitivo de anís, más el plato del día y un bocadillo. Lo que entra en esa lista lo decidió el legislador, no el dueño.
El agua mineral está, la del grifo no. Desde un decreto de 1967 el agua y el pan forman parte del cubierto, en el café igual que en el restaurante, y si pides algo puedes pedir una jarra de agua del grifo sin pagarla. Y desde principios de 2022 el local tiene que indicar de forma visible que tienes derecho a pedirla, en la carta o en la sala.
De postre está el café gourmand, un espresso con varios postres minúsculos sobre una tablita. Lo lanzó en los años ochenta una cadena de restaurantes, copiando lo que las casas caras hacían desde hacía tiempo, que era poner unas mignardises junto al café.
Cómo es esto en Italia y en España está en Un minuto en la barra y Tomar café como en España.

